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miércoles, 12 de marzo de 2014

Algunas corroboraciones tristes de una historia en espiral

Algunas corroboraciones tristes de una historia en espiral

*Por Jorge Rulli y Maximiliano Mendoza
Grupo de Reflexión Rural (GRR)



En el año 2002 escribíamos como Grupo de Reflexión Rural y en diálogo con nuestro compañero Ignacio Lewkowicz, lo siguiente: “La soja, el sistema de la soja, no es el de la oligarquía tradicional. La lucha contra el sistema de la soja es una forma local del conflicto antiglobal; pues la hegemonía absoluta de la soja es una forma local específica del crecimiento global. Lo que importa es que los núcleos de poder neoliberal varían del sistema oligárquico tradicional al sistema que se construye en torno de la soja. La nueva división global del trabajo nos convierte de “granero del mundo” en “forrajeros del mundo”.

Por otra parte, añadíamos: “… Desde el punto de vista de la oligarquía tradicional, se ve que, pese a toda la inteligencia o astucia puesta en juego, ese sistema oligárquico ya no es funcional al sistema global. Por supuesto que los mismos apellidos aparecerán ahora en los consorcios de las empresas; pero los modos de ejercicio del poder, los modos de ejercicio de la dominación, los núcleos a partir de los cuales se fijan, varían. Así, por más que se trate del mismo conjunto de individuos, no es la misma la lógica social que se despliega para afirmar su dominio.”

Casi todo lo que por entonces afirmábamos, podríamos reafirmarlo hoy, doce años después, con la certeza de que sus contenidos mantienen plena vigencia y que fueron anticipatorios. Los años transcurridos, lamentablemente, nos han dado suficiente razón, y además han puesto en evidencia las peligrosas derivas de pensamiento y acciones políticas de todos aquellos que, desde miradas sesgadas y ancladas en los años setenta, se negaron considerar las nuevas ecuaciones de la globalización, la nueva configuración del poder en nuestro país, así como se negaron a la necesidad de reflexionar sobre sus anteriores experiencias y, sobre todo, se negaron rotundamente a las propuestas de abrir debates políticos que permitieran cerrar los enormes fracasos que arrastraban consigo para no volver a repetirlos (algo que en cierta medida ha ocurrido a lo largo de todos estos años).


Una Nomenklatura[1] al estilo argentino


A principios de la década pasada empezó a hacerse notoria la emergencia de una nueva clase dominante, producto de la profundización de un nuevo esquema productivo primario-exportador, impulsado por el Estado, el capital transnacional y sus socios locales, y caracterizado por su profunda dependencia de los mercados globales. Una nueva oligarquía vinculada a un modelo de país proveedor de materias primas que, además de la sojización del territorio, se complementa con la megaminería, el fracking, el monocultivo de árboles y otros proyectos extractivos hegemonizados por importantes corporaciones transnacionales.

Esta nueva oligarquía instaló su protagonismo de manera sigilosa. Una oligarquía distante de la otrora “oligarquía vacuna” que se impusiera al país en las postrimerías del siglo XIX, a instancias del entonces presidente Julio Argentino Roca. Este sector, que tenía en la Sociedad Rural Argentina (SRA) su representación más genuina, conduciría -con breves interregnos- los destinos de la Argentina durante buena parte del siglo XX.

Pero la irrupción histórica de esta nueva oligarquía no-terrateniente (es decir, una oligarquía que no basa su poderío económico en la propiedad sino en el uso de la tierra) configura un hecho decisivo que pocos se han atrevido a analizar. La ligazón que establece el modelo sojero entre el capital financiero y la investigación científico-técnica, transformó profundamente el esquema de producción agraria y redefinió las relaciones de poder. Basta con recordar algunas de las definiciones de uno de los mayores exponentes de este nuevo sector, Gustavo Grobocopatel[2]: “Soy agricultor y no tengo tierras, tampoco tengo tractores ni cosechadoras. Y esta es la mayor innovación del país. En Argentina, a diferencia del mundo, hoy no tenés que ser hijo de un chacarero o un estanciero para ser agricultor. Tenés una buena idea y tenés plata, vas, alquilás un campo, y sos agricultor. Este es un proceso extraordinario y democrático del acceso a la tierra, donde la propiedad de la tierra no importa; lo que importa es la propiedad del conocimiento”.

Es evidente que esta nueva oligarquía no pertenece al universo de las llamadas “familias patricias”. Su genealogía entronca con la inmigración europea (y otras corrientes inmigratorias) de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en su mayoría caracterizadas por un humilde origen social. Hoy, muchos de sus descendientes lograron sus fortunas a partir de una relación prebendaria con el Estado, otros tuvieron importantes relaciones con el aparato financiero del Partido Comunista de la Argentina, y otros han aprovechado sus relaciones político-económicas con países como los Estados Unidos, el Estado de Israel y con influyentes organismos como el Consejo de las Américas, el Congreso Judío Mundial, el Club Bilderberg, y otros.

Aceptar esta realidad, implica un cambio de conciencia y una comprensión de los nuevos desafíos que nos plantea la globalización. Se trata, en definitiva, de saber reconocer no tanto el enemigo al que debemos enfrentar, sino de reconocer el problema que tenemos por delante y que debemos resolver, para sí luego identificar a sus responsables. Lamentablemente, el kirchnerismo y sus acólitos de izquierda, junto a buena parte de los activistas e intelectuales provenientes del llamado peronismo revolucionario de los años setenta, no sólo se negaron a reconocer a esta nueva clase dominante como oligarquía sino que, por el contrario, se apoyaron en ella, respaldaron muchas de sus demandas, hicieron propia buena parte de sus discursos modernizantes -sobre todo en lo concerniente al valor de las tecnologías de punta y el poder del conocimiento- y montaron sobre estas bases materiales una narrativa épica rayana en lo grotesco.

Durante años hemos presenciado constantes demandas en favor de los pueblos indígenas que fueran víctimas de la llamada Conquista del Desierto[3], e incluso se gestaron importantes movimientos de ciudadanía para que se quitara la estatua del ex presidente Julio Argentino Roca del lugar donde se encuentra emplazada (en la Av. Diagonal Sur de la Ciudad de Buenos Aires). No apuntamos a la justicia o no de estas reivindicaciones -que, sin lugar a dudas, requieren un juicio de la historia-, sino que enfatizamos la instrumentación maliciosa de este tipo de demandas que, a lo largo de la década pasada, resultaron totalmente funcionales al propósito oficial de confrontar con la ya casi exánime vieja oligarquía con el objetivo de continuar invisibilizando a los nuevos dueños del poder[4]. El mismo rol distractivo y a la vez desorientador, ha jugado el prolongado litigio por quitar la estatua de Cristóbal Colón de las cercanías de la Casa de gobierno. Es evidente que el progresismo oficial y la nueva oligarquía globalizada necesitan desprenderse de los atributos estéticos e históricos que configuraban el poder de sus antecesores, y exigen nuevas modalidades discursivas que rinden tributo a los jirones de banderas y memorias populares, de las que se sirven con total impudicia en aras de profundizar las nuevas dependencias.

Tal como en un management político, la dirigencia política progresista gobierna a nombre e interés de sus verdaderos amos, como virtuales gerentes de una empresa llamada Argentina. Pero dada la necesidad de ocultar este tipo de servilismo globalizado, se recurre desesperadamente a los simulacros, las puestas en escena necesarias para llevar adelante los proyectos del capitalismo global en nombre de la revolución social. Esos simulacros grotescos exhiben hoy a un gobierno supuestamente peronista -o que supera al antiguo peronismo por  izquierda, tal como afirman algunos de sus presuntos filósofos-, que impulsa una devaluación solicitada por quienes detentan el control del capital financiero y el comercio exterior en nombre de la “soberanía”, y que además cuenta con un ministro de Economía “marxista” que aplica un ajuste económico ortodoxo celebrado por todo el establishment.

No obstante sus caracteres pesadillescos, las tensiones que establece el camporismo progresista en función de sus relatos encubridores, no van mucho más allá de litigar el nombre de las calles, la ubicación de alguna estatua, el de “escrachar” a algún supermercadista por abusivo o propagandizar los temas de género y de discriminación a nivel puramente discursivo. Se trata siempre de centrar la atención en lo accesorio, y de encubrir o distraernos de lo realmente importante.


Cuando en la Argentina se “descubre” la existencia de Eduardo Elsztain

Los rasgos más groseros o patéticos de estos dobles discursos, entreverados de ignorancia y de apuestas por la modernidad y el crecimiento, ocurrieron en el 2008, cuando durante la llamada “crisis del campo” Néstor Kirchner convocaba a luchar contra la oligarquía representada por la Mesa de Enlace[5] desde las oficinas que a esos efectos le prestaba el mismísimo Eduardo Elsztain, en el exclusivo barrio de Puerto Madero.

Elsztain, probablemente sea la mayor fortuna de la Argentina: es propietario de IRSA Inversiones y Representaciones S.A., la corporación inmobiliaria más grande del país; también es propietario de CRESUD, compañía agropecuaria que maneja más de un millón de hectáreas en el Cono Sur;  y controla el Banco Hipotecario, adquirido durante el menemato gracias a los fondos facilitados por el multimillonario George Soros[6].

Elsztain también es dueño de los shoppings más grandes del país, y posee varios hoteles de lujo y edificios inteligentes, tales como el Hotel Intercontinental y el edificio Bouchard Plaza -sede de Microsoft Argentina- ambos emplazados en la Ciudad de Buenos Aires. Asimismo cuenta con muchos vínculos entre los grupos más poderosos del capitalismo global: forma parte del directorio de la Fundación Endeavor[7] en Argentina, es un miembro prominente del Congreso Judío Mundial y además integra el Comité Asesor Internacional de la Presidencia del Consejo de las Américas, representada esta última nada menos que por David Rockefeller.

A pesar de su enorme poderío económico y su capacidad de influencia en el ámbito político, Eduardo Elsztain se caracteriza por un marcado perfil bajo. Es mucho más probable que en lo concerniente a la llamada “Crisis del Campo”, el público recuerde apellidos como Biolcati, Buzzi o De Ángeli, mientras que la nueva oligarquía que se consolida a partir del paro agrario de 2008, y que se proyecta además como clase dominante sobre los países limítrofes del Cono Sur, prácticamente pasó desapercibida para oficialistas y opositores: al tiempo que las rutas del país estaban cortadas por piquetes respaldados por la Mesa de Enlace y la soja transgénica producida localmente no llegaba a embarcarse, otros como Elsztain ganaban fortunas aprovechando el momento para exportar la soja transgénica producida en países limítrofes (Paraguay, Bolivia y Brasil) a través de los puertos argentinos.

Eduardo Elsztain fue durante casi diez años el dueño invisibilizado del país, contando además con la protección política de organismos como la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y el Centro Simon Wiesenthal, instituciones que ante el menor esbozo de una crítica a su poderío económico, asumen de inmediato que se está en presencia de un acto de “antisemitismo”, y procede a denunciarlo públicamente. Recién en el año 2012, y a raíz de la cesión de tierras públicas en favor de IRSA para facilitar sus “emprendimientos inmobiliarios” y la construcción ilegal de un nuevo shopping en el barrio de Palermo (“Distrito Arcos”)[8], se generó una cierta resistencia ciudadana que puso por vez primera el nombre del personaje en el espacio público. Con la pegatina afiches callejeros firmados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA), que denunciaban la apropiación ilegal de tierras públicas en beneficio de IRSA, el nombre de Eduardo Elsztain aparecía por vez primera ante los ciudadanos de manera masiva. Cabe destacar que por estas acciones, tanto la CAME como la FECOBA fueron repudiadas por la DAIA y el Centro Wiesenthal por sus “mensajes discriminatorios”, sus “consignas estigmatizantes” y por supuesto, el “odio antisemita”.

 

A poco se dieron, también, los escándalos del llamado pacto PRO-K[9] en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires; un pacto que, entre otras cosas, se caracterizó gracias a un megaproyecto impulsado por el gobierno nacional para la construcción de un “Polo Audiovisual” en Isla De Marchi y la rezonificación de los terrenos de la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors, con la irritante finalidad de implementar un viejo proyecto de IRSA: construir en la zona un barrio de lujo de altísimo nivel denominado Solares de Santa María[10] (la llamada “Dubai” del Costanera Sur). Ambos proyectos fueron suspendidos gracias a la acción de diversas organizaciones que protestaron durante las sesiones y diversas audiencias públicas.

 

De esta manera, los argentinos se anoticiaban -a raíz de situaciones absolutamente urbanas, vinculadas con el comercio, la especulación inmobiliaria y el conflicto por el espacio público- de la existencia y el poder de uno de los hombres que, diez años antes, denunciábamos como uno de los principales dueños del país.

 

 

 

Cuando descubrimos que el imperio en ascenso cuenta con sus propias  legiones de cipayos


Volvamos ahora a ese país dependiente, primarizado, centrado en la producción de transgénicos, y recordemos que estos nuevos procesos extractivos de agriculturización industrial destinados a sostener la exportación masiva de commodities tienen su origen en dos situaciones configuradas por la globalización: por una parte, la enorme deuda externa que nos dejaron como legado las dictaduras militares en los años setenta y sus requerimientos crecientes de divisas; y por otra, la emergencia a fines de los años ’90 del coloso chino y su insaciable necesidad de materias primas para poder establecerse como fábrica del mundo. Es decir; no podríamos comprender la reprimarización de nuestras economías a escala latinoamericana si no tuviésemos en cuenta el decisivo rol neocolonizador de la potencia asiática y de las hegemónicas relaciones que estableció en el continente.

Debemos, asimismo -con mucha tristeza y vergüenza- indagar en las probables razones por las que como pueblo, aceptamos casi alegremente y sin mayores protestas, convertirnos en un enclave de producción de soja transgénica para el gigante chino. Más todavía, deberíamos decir que no fueron precisamente las corporaciones transnacionales las que desplegaron este modelo agro-biotecnológico, sino que fueron más bien sectores provenientes de la izquierda setentista, muchos de ellos llegados del exilio y/o provenientes de las filas del Partido Comunista, los que diseñaron e impulsaron el modelo de los Agronegocios en nuestro país[11]. Las corporaciones, desde luego, no demoraron en aprovechar esas favorables circunstancias en las que la intervención de cuadros científicos y técnicos del campo de la biotecnología vegetal -provenientes de la izquierda tradicional- fue fundamental para abrir las puertas a las empresas transnacionales, persuadidos de que era preciso darles protagonismo en el desarrollo de las fuerzas productivas del país.

Indagar en los orígenes de este equívoco aberrante, tal el de confundir a las subsidiarias locales de las empresas transnacionales con la burguesía nacional, puede conducirnos a debates que escapan a este trabajo y que pueden tener que ver tanto con el marxismo mismo, como con la manera de asimilarlo por parte de nuestra inteligentzia progresista. Lo que sí podemos aseverar es que ellos no estuvieron solos. A lo largo de esos años, que fueron los años de la instalación del modelo agro-biotecnológico (las postrimerías del menemato y durante el gobierno de la Alianza), nada de lo concerniente a la agricultura industrial, al uso de semillas transgénicas y la justificación política de las actuales relaciones de dependencia con China fue impulsado sin el respaldo de la izquierda tradicional. Baste como prueba las encendidas palabras pronunciadas por Fidel Castro en 2001, en el peor momento de la Argentina, respaldando el cultivo de “soya” transgénica en nuestro país[12].



El estímulo al mercado interno no apunta a la Justicia Social, sino enriquecer a la nueva oligarquía y profundizar la dependencia global

Algunos exponentes velados del oficialismo, aún reconociendo el tremendo peso colonizador del modelo extractivo -y en particular de la agroexportación- rescatan la intención progresista de estimular, mediante planes sociales y subsidios, un aparente mercado interno que remedaría en cierta medida a los antiguos Estados de Bienestar propios de la última posguerra. Pretenden hacernos olvidar que el modelo que ahora denominan “nacional y popular” se instalaba en los años noventa combinando la industrialización de alimentos junto a la agricultura química y la biotecnología. Pretenden hacernos olvidar que el modelo de los Agronegocios incluía la constitución de cadenas agroalimentarias y las integraciones verticales de empresas, tanto en la producción industrial de animales como así también en el creciente supermercadismo.

El asistencialismo bancarizado y la estimulación al consumo que estimuló el progresismo a lo largo de la llamada “Década Ganada”, ha sido un componente indispensable dentro de los marcos de un mismo modelo: la sojización, el despoblamiento del campo y la concentración compulsiva de población en los inmensos conurbanos de  pobreza, donde quedan reducidos a clientela obligada del asistencialismo y del consumo de comida chatarra.

Tampoco se debe ignorar la importancia del coloso chino y su objetivo de constituirse como la fábrica del mundo. Desde esa perspectiva se explica su creciente demanda de materias primas y su imperiosa necesidad de colocar los productos masivos de su industria en localizaciones específicas. Esto implica que la expansión global-imperial de China necesita ir abriendo cada vez más mercados locales, más áreas de consumo masivo para colocar sus productos.  

Por estas razones, rechazamos toda intentona de considerar las relaciones político-económicas de China y los países latinoamericanos desde los enfoques de la llamada Cooperación Sur-Sur (CSS), ya que dichas relaciones son, a todas luces, más bien asimilables a los análisis centro-periferia. Por ello es fundamental comprender China se erigirá como el nuevo centro imperial en la medida que afiance su dominio en los mercados locales, regionales y continentales.


Cuando fuimos globalizados pero no quisimos darnos por enterados

La obstinación por parte de ciertos sectores en desconocer las particularidades de la globalización, sumado al intento infructuoso de comprender estos fenómenos complejos desde miradas sesgadas o fragmentadoras la realidad, condujeron a situaciones paradojales y hasta escandalosas. Tal cosa ocurre cuando, desde posiciones de izquierda y pretendiendo hacer uso del marxismo, algunos pícaros arguyen que la correlación de fuerzas que requeriría el gobierno para darle batalla a las corporaciones actualmente no resulta suficiente. Para justificar este razonamiento, añaden que mientras esperan por ese respaldo popular, es preciso reconocer estas etapas intermedias como partes necesarias de un proceso general.

Asimismo, se recurre frecuentemente al argumento de que no existen otras alternativas de poder o bien, en su defecto, se reconoce la existencia de otras alternativas, pero que son peores y que ante ello es necesario optar por el “mal menor”, convalidando así las decisiones más degradantes tomadas por el gobierno nacional. Desde luego, existen también personas que reconocen la existencia de problemas, tensiones y contradicciones, pero al mismo tiempo parecen estar convencidas de que estamos asistiendo a un proceso casi metafísico de depuración histórica donde, casi sin intervención de la sociedad, lo malo es cada vez más desplazado por lo bueno, donde se “hizo mucho” y “van por lo que falta”. Éste es probablemente el sentido que se le adjudican a las llamadas “asignaturas pendientes” cuando efectivamente reconocen un problema en la sojización, la megaminería o el fracking, impedidos de admitir que en realidad esas “asignaturas pendientes” son más bien los núcleos duros del modelo kirchnerista, sin los cuales inclusive el kirchnerismo no se explica, no podría ser lo que es

No faltan igualmente los astutos que, a propósito de estas situaciones, nos recuerdan que lo mejor es enemigo de lo bueno, un acierto peroniano que muchos no supieron respetar ni acatar en su momento y que ahora, con dejos de conciencia culposa, aplican a destiempo. La consecuencia de estos razonamientos anacrónicos se ponen de manifiesto en una parcialización de la realidad: muchos pretenden destacar como logros importantes las medidas sociales adoptadas por el gobierno nacional, tales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o la extensión a muchas capas de la población desprotegida del derecho a una pensión o jubilación mínima como si acaso ellas fueran independientes del sometimiento nacional a un complejo sojero-minero-exportador hegemonizado por corporaciones transnacionales. No son capaces de admitir -y mucho menos de problematizar- que la AUH es una versión local de un sinnúmero de planes similares impulsados y financiados por el Banco Mundial para la región, o que el Banco Hipotecario controlado por Eduardo Elsztain hará un gran negocio como fiduciario del plan Pro.Cre.Ar financiado por el ANSES. Vale decir, con el dinero de los jubilados.  

Las réplicas de estos modelos a lo largo de América Latina, modelos en que las nuevas dependencias se complementan con políticas asistenciales, son impulsadas por gobiernos vinculados a un pensamiento progresista y modernizante. Estas notas comunes comprueban que no estamos ante una situación excepcional, sino que asistimos a un proceso de nuevas colonialidades perfectamente armonizadas con la globalización. 

La ralentización del crecimiento económico del coloso chino se tradujo en las crisis de los llamados “países emergentes”, tal vez como un preanuncio de la finalización de una época en la que los altos precios internacionales de los commodities bastaban para que países como la Argentina se esperanzaran con mantener un ingreso permanente de divisas. Nuestro país confía desmedidamente en la demanda sostenida de commodities como garantía principal para el ingreso de divisas, ya que de ellas depende -entre otras cosas- el sostenimiento de lo que el oficialismo denomina “desarrollo industrial con sustitución de importaciones”, un proceso que se explica básicamente a partir de un complejo productivo de escasa producción nacional. Basten como ejemplos el sector de la “industria” automotriz transnacional dependiente casi en su totalidad de insumos importados, y en las terminales de ensamblaje radicadas en la Prov. de Tierra del Fuego.

Durante diez años reiteramos, en diversos escritos, los enormes riesgos que suponía mantener una economía dependiente en términos casi absolutos de la exportación de soja transgénica, sumado a la debilidad estructural de tener, además, relaciones de intercambio donde un mercado imperialista compra nuestras materias primas a la vez que nos abastece de manufacturas industriales en casi todos los rubros… hasta en el de clavos y tornillos. Ahora pagamos las consecuencias. China se estremece y la Argentina siente que está al punto del colapso. Para colmo, la embriaguez de la fiesta de la soja nos permitió olvidar alegremente, durante diez años, la inmensa deuda externa, cuyos vencimientos ahora nos agobian y es preciso hacer todo lo posible para conseguir divisas.


Cuando los antiguos ropajes y las tragedias devienen en farsa y grotesco

Las memorias de esa revolución que expresó el peronismo, fueron quebrantadas a través de diversos instrumentos políticos, económicos y culturales. La represión desatada a partir del golpe militar de 1955, sumada a lilusión desarrollista del frigerismo-frondizismo, los extravíos y los desgarramientos de los años setenta, el feroz disciplinamiento social de la última dictadura militar a partir del horror institucionalizado y más tarde por las aberraciones perpetradas por el menemismo y en la actualidad gracias a una sofisticada tergiversación histórica operada por el kirchnerismo, contribuyeron a una dislocación generalizada de las memorias populares, proceso que facilitó el camino para un uso abusivo de dicho acervo simbólico por parte de los poderosos para la aceptación de un nuevo modelo de colonialidad.

Más allá de lo esquemático de dicha interpretación, está claro que gracias a esta secuencia ininterrumpida de procesos políticos que hicieron de la Argentina nuevamente un país colonial, la empresa tergiversadora de la intelligentzia tuvo el camino libre para emprender contra los sentidos genuinos de la liberación nacional. Actualmente, la fascinación por los modelos neodesarrollistas impulsados por los progresismos latinoamericanos, redundó localmente en el retroceso del posperonismo a formas retrógradas propias del desarrollismo de los años ’60. Sin ir más lejos, en varios escritos hemos expuesto largamente acerca de cómo, la reivindicación constante que se realiza de la figura de John William Cooke, primero como respaldo a Frondizi y luego como hombre de la revolución cubana, así como en el desmedido énfasis que se suele imprimir al rol desempeñado por F.O.R.J.A. en los orígenes del peronismo, contribuye a la justificación histórica del este nuevo desarrollismo, respaldado por una progresía burguesa que convoca a las más diversas extracciones políticas.

No podríamos dejar de señalar -con enorme  pena- cuánto ha pesado en este afán justificatorio, en el arte de montar falsas antinomias y en la elaboración de escenarios de cartón pintado, el rol de los intelectuales oficialistas que se reúnen en la Biblioteca Nacional. Esta institución ha devenido, por obra y gracia de antiguos compañeros, en una gran fábrica de relatos, una usina de simulacros encubridores de las nuevas dependencias. Si a estos extravíos, agachadas y desmemorias de muchos exponentes de viejas militancias, le sumamos los propios extravíos del pensamiento de una izquierda tradicional -puesto gravemente en examen frente a la crisis de la modernidad y ante el cambio climático- todavía incapaz de escapar de los esquemas emancipatorios decimonónicos, lo que obtendremos son las razones principales que explican la extendida servidumbre de las militancias partidarias al modelo neocolonial y las causas de la indefensión generalizada del Pueblo.

En medio de las zozobras de la sociedad argentina, enfrentada, como en un carrusel a la repetición cíclica y dramática de situaciones similares, no faltan los militantes e intelectuales funcionales al sistema que nos sorprenden al descubrir recién ahora, el inmenso poder de los exportadores, y alzan sus voces reclamando medidas de gobierno que pongan control sobre la hemorragia constante de divisas que sufrimos. Necios y tardíos cacareos de ese gallinero de escribas que tienen su refugio en la Biblioteca Nacional.

Durante años ignoraron la globalización y desconocieron a las empresas transnacionales que, como Cargill, Bunge, ADM, Dreyfus, Nidera, Toepfer, Noble, Vicentín, Aceitera Gral. Deheza, Molinos Río de la Plata, Louis Dreyfus, entre otras, controlaron las exportaciones y procedieron con absoluta impunidad y sin controles estatales[13], tal como reiteradamente denunciara hasta su muerte nuestro amigo Julio Nudler[14], en Página 12. Incluimos en  esas denuncias una famosa nota del año 2004 intitulada “De Títeres y Titiriteros”[15] en la que, este olvidado pero meritorio periodista, develaba la sistemática acción de destrucción y vaciamiento de los organismos de control del Estado que llevaban adelante los hombres de Néstor Kirchner. Justamente, ello motivó que dicha fuera escandalosamente censurada por el entonces director del diario oficialista, Ernesto Tiffenberg.

De la misma forma, esos “intelectuales orgánicos” que durante años nos insinuaron que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y las jubilaciones extendidas anticipaban de alguna manera el socialismo que nos habían prometido como “generación maravillosa”, ahora impulsan desde el Estado campañas contra personajes secundarios de algunas de las empresas que participan del modelo. Al igual que durante la crisis desatada por la resolución 125 en 2008, están cubriendo las apariencias con un nuevo y desvergonzado simulacro; simulacro que, en definitiva, no hace sino  legitimar la continuidad del sistema de los Agronegocios.


Cuando la realidad es como un clavo ardiendo

El modelo agro-minero-exportador asistencializado y legitimado por narrativas de izquierda, ha llegado a un punto crítico desde el punto de vista social, ambiental y hasta económico. Según surge de estudios oficiales, después de la llamada “Década Ganada” se alcanzaron unas 24 millones de hectáreas de cultivos transgénicos, se desmontaron más de dos millones y medio de hectáreas de bosques nativos y se está experimentando un acelerado -y tal vez, irreversible- deterioro de los suelos. A esto se suman las propias dificultades de los productores sojeros, ya que una suba importante de los insumos y la notoria estrechez de sus márgenes de ganancia configuran una situación que difícilmente pueda revertirse en la medida que el precio de los insumos siga incrementándose al tiempo que la cotización de los commodities tienda a estancarse o descender.

Los escenarios que se avecinan se nos figuran aterradores, puesto que todos los planes estratégicos del Estado y las corporaciones del agronegocio confluyen en el objetivo de profundizar el modelo agro-minero-exportador. Sin ir más lejos, los cálculos más conservadores que surgen del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal 2010-2020 (PEA2)[16] revelan que la frontera agrícola se extenderá de los 32 a 41 millones de hectáreas, lo cual derivará en nuevos escenarios de conflictividad socio-ambiental: represión y hostigamiento de sujetos territorializados (campesinos, indígenas, etc.), aumento de la migración hacia las periferias urbanas, mayores desmontes y pérdidas de la biodiversidad, incrementos de las fumigaciones gracias a la incorporación de nuevos agrotóxicos y el creciente deterioro de los suelos.

A ello debe agregársele el factor imponderable del Cambio Climático: serán tiempos de imprevisibles modificaciones de las condiciones climáticas globales a consecuencia de haberse sobrepasado en la atmósfera las 400 ppm de CO2[17], problemática que se verá agravada en países como el nuestro, en donde la falta de previsión gubernamental para la prevención de catástrofes nos obliga a repensar nuevas estrategias de autodefensa y preservación.


Recuerdos del futuro

Quisiéramos terminar este escrito, haciendo referencia compasiva y solidaria a esos millones de hombres y mujeres que durante este proceso, y bajo patrones de pensamiento cerradamente urbanos y modernizantes, fueron compulsivamente desarraigados de los lugares en los que vivían y obligados a emigrar a las grandes ciudades. Millones de seres desempleados por un modelo de agricultura industrial que desechaba mano de obra y que requería inmensos territorios vacíos de población. Poblaciones que tuvieron que emigrar por motivos ignominiosos como las fumigaciones constantes y la contaminación de sus territorios; acciones que paulatinamente fueron haciendo de sus parajes, lugares prácticamente inhabitables.

La proyección de la nueva oligarquía sobre los países vecinos del Cono Sur y el contrabando de semillas transgénicas a través de las fronteras, los sumó al gran proyecto de la República Unida de la Soja (proyecto que nos proponía hace años la empresa Syngenta[18]). Se añadieron de esa manera, nuevas e innumerables legiones de desocupados y desarraigados latinoamericanos a nuestros conurbanos, hasta convertirlos en las actuales inmensas periferias de pobreza e indigencia.  Por un lado, tenemos  paisajes devastados, territorios desertizados, profundamente deforestados con una monstruosa pérdida de la biodiversidad; y por la otra, poblaciones desoladas, hacinadas en megalópolis, condenadas a vivir entre inundaciones y deshechos tóxicos.  No son impactos colaterales como muchos tecnócratas repiten con evidente ánimo exculpatorio; son, por el contrario, consecuencias perfectamente previsibles de las decisiones tomadas por la dirigencia política en aras de favorecer a las corporaciones transnacionales; consecuencias que, al menos, deberían al menos haber sospechado. Esta es la terrible realidad que nos deja un modelo que está llegando a su consumación, en la que todos quedamos expuestos al colapso.

Debemos, tomar conciencia del camino recorrido y de la necesidad imprescindible de apostar por cambios radicales. La sojización amenaza sencillamente dejarnos sin país y sin suelos aptos para cultivar nuestros alimentos. Pero estas realidades, que para muchos desvelados todavía forman parte del terreno de las abstracciones, son en cambio el infierno de cada día para millones de seres humanos urbanizados de forma compulsiva, una fatal encerrona en la que están cautivos y sin mayores esperanzas. Rehenes de los diversos punteros y grupos sociales (kirchneristas, filokirchneristas, antikirchneristas y de la izquierda funcional), están obligados a la servidumbre de participar en actos políticos y piquetes a cambio de planes sociales o, en el peor de los casos, bolsones de comida. 

Las periferias urbanas son el lugar donde las los aparatos represivos y las mafias se confabulan para establecer negociados basados en la explotación de mano de obra barata, esclava o infantil, como el narcotráfico o la trata de personas. Otros casos dan cuenta de muchos territorios que son paulatinamente ocupados por el poder narco que desplaza poco a poco a la policía de su empresa criminal. Para los desplazados y sus hijos queda tan sólo la marihuana fermentada con tóxicos para las plagas que les enferma los pulmones, o directamente el paco que les quema el cerebro. Las cocinas de la droga se mueven a su antojo por esas periferias desoladas y para muchos, alquilarles el rancho por unas horas puede significar la diferencia entre comer o no comer durante varios días.

El asistencialismo y el clientelismo han hecho estragos en el campo de la cultura y de los mecanismos para la supervivencia.  Condenados a vivir en un contexto de egoísmo extremo, los desplazados deben sobrevivir en el más puro desamparo, en muchos casos renegando de sus propias identidades culturales para asimilarse a una identidad urbana atravesada por los valores de la sociedad global de consumo. Deben renegar de una cultura que implicaba reconocimientos y reciprocidades, pero que por sobre todas las cosas implicaba un suelo dónde arraigarse para vivir en comunidad. Para peor, se les priva de muchos de los recursos de que disponían naturalmente para sobrevivir en situaciones difíciles: algunos municipios del gran Buenos Aires –que en muchos casos continúan siendo semirurales- se empeñan en imponer numerosas prohibiciones de carácter urbano-consumista en las periferias, donde ya no permiten ni siquiera tener un pequeño gallinero o un lechón para engorde. La dirigencia política parece empeñada en consolidar una urbanización total, extendiendo el desamparo de todos aunque se los condene al hambre. Parecen decididos a borrar todos los relictos de vida autónoma o campesina que pudieran pervivir en las barriadas. Confían en la militancia rentada y en las organizaciones sociales para contener posibles estallidos, que en otras circunstancias serían inevitables.

Intuimos que en el porvenir se debatirá una tensión entre los hombres y mujeres acorralados que pugnarán por liberarse del aprisionamiento de los aparatos clientelares. Porque a diferencia de otras épocas, el concepto de revolución ya casi nada expresa y, a pesar de nuestros desvelos, no hemos podido insuflarle otros contenidos que modifiquen las generalizadas perspectivas de factura eurocéntrica sobre el poder, la racionalidad y el control. Desde la muerte de Juan Perón, sin duda han sido los sectores medios los que han luchado por apropiarse del destino común de los argentinos. La incógnita, desde entonces, ha sido la de saber si esos sectores medios o las organizaciones que los expresaban podrían llegar a ser los artífices de ese destino tan deseado, tal como en otras épocas lo fueron los caudillos y lo fuera Perón en la posguerra. Bajo diversas banderas y discursos, los intentos se han repetido una y otra vez, a lo largo de la historia contemporánea… inútilmente. Desde la Plaza de Lonardi a la de los Montoneros; desde el menemismo, pasando por Chacho Álvarez hasta Néstor y Cristina, toda la partidocracia clasemediera ha operado como una maquinaria hegemónica de desclasamiento y desmemoria. Pero nunca como en estas épocas aciagas, estos sectores habían conseguido un desmantelamiento tan profundo de las resistencias; nunca como ahora lograron tanta parálisis en los sectores populares. Todo porvenir se hace totalmente incierto y es probable que continuemos dando vueltas en el gastado carrusel de los relatos y de los ensueños del poder de los sectores medios.

A los vencidos, al pueblo llano que alguna vez fuera grasita o descamisado, le queda siempre probar el antiguo camino de la Rebelión, camino en el que se trataría de recuperar -como tantas otras veces- la propia y secuestrada humanidad, para ir una vez más detrás de las aspiraciones de justicia y de felicidad en comunidad. Ahora, y como pocas veces antes, es realmente poco lo que tienen para perder. Lo que no sabemos todavía, es si acaso les han dejado las fuerzas suficientes como para que vuelvan a soñar esos sueños, y puedan quebrantar el desaliento y la malla de contención que hoy los encierra.



Jorge Eduardo Rulli
Maximiliano Mendoza
Grupo de Reflexión Rural (GRR)

Notas:





[1] Nos permitimos designar como “Nomenklatura” (cuyo significado real es “lista de nombres) a este nuevo poder oligárquico, dadas sus semejanzas con la plutocracia rusa post-soviética, bloque se apropiara de las empresas estatales de las que fueran funcionarios o testaferros. Sin dudas se trató de un sector sumamente privilegiado, cuyo enriquecimiento estuvo vinculado a su Estado es lo que en algún momento de la Argentina recibiera el nombre “Patria Contratista”, “Capitalismo de Amigos”, etc.

[2] Gustavo Grobocopatel es Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tiene 52 años. Fue docente en Manejo y Conservación de Suelos de la Facultad de Agronomía  de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA). Actualmente se desempeña como presidente de Los Grobo Agropecuaria S.A, firma que maneja un área cultivada con soja GM que supera las 200 mil hectáreas (distribuidas entre Argentina, Brasil y Uruguay) y que posee acopios por más de un millón y medio de toneladas. Cabe agregar que Los Grobo Agropecuaria S.A. adquirió recientemente a la empresa Agrofina por una suma de $ 400 millones, con el fin de incursionar en el mercado de los agrotóxicos. Grobocopatel también forma parte de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID) y es director titular de Bioceres S.A., una empresa de investigación y desarrollo en agrobiotecnología. Dicha empresa, en alianza con el CONICET, permitió la creación de Indear S.A (Instituto de Agrobiotecnología Rosario), una empresa que se presenta a sí misma como una de las plataformas más avanzadas de América Latina en materia investigación agrobiotecnológica y que cuenta con un management conformado por algunos de los más influyentes tecnócratas del ámbito empresarial, entre quienes se destaca Moisés Burachick, ex asesor científico de la Dirección de Biotecnología del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y ex miembro de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), organismo que regula las aprobaciones de OGM en el país, siendo su Secretario Ejecutivo entre 2004 y 2010.    
  
[3] La Conquista del Desierto o Campaña del Desierto fue una campaña militar organizada por el gobierno argentino durante los años 1878 y 1885 y que tuvo como principal objetivo el control de los territorios de las regiones pampeana y patagónica. Este proceso de control territorial y fronterizo se llevó a cabo en detrimento de habitantes ancestrales (mapuches, tehuelches, ranqueles, etc.) que, al no encajar con el proyecto identitario de la generación del ’80 -para constuir una nación blanca, civilizada y occidental-, fueron prácticamente aniquilados. Un proceso de similares características tuvo lugar en Chile durante la llamada Pacificación de la Araucanía.    

[4] Nos parece importante destacar que, además de distorsión discursiva y mediática de estas nuevas realidades, existieron también sofisticados dispositivos permitieron la invisibilización de la nueva configuración del poder en el país. En este sentido destacamos el documental Awka Liwen (“Rebelde Amanecer” en mapudungun) cuyo guión y libro cinematográfico pertenece Osvaldo Bayer, Mariano Aiello y Kristina Hille, estrenado en septiembre de 2010 (http://www.awka-liwen.org). En dicho documental se establece una forzada continuidad del poder que detentara la oligarquía terrateniente de fines del s. XIX con los sectores que protagonizaron el paro agrario de 2008 durante la crisis desatada por la Resolución 125, omitiendo de plano a los nuevos poderes del modelo sojero vinculados al capital financiero y el lobby tecnocientífico que ya poco tienen que ver con la propiedad de la tierra. Siendo que el documental aborda la problemática del modelo sojero y su expansión en los territorios, resulta llamativa la participación del Biólogo Molecular Alberto Kornblihtt, pionero en materia de biotecnología vegetal quien actualmente dirige el laboratorio de investigación en el departamento de Fisiología y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Kornblihtt respalda abiertamente la producción de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en el país, es adherente público del kirchnerismo y se define como un hombre “de izquierda”.

[5]  La Mesa de Enlace Agropecuaria está conformada por la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA), las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y CONINAGRO. Dicho entendimiento tuvo lugar el 12 de marzo de 2008 con el objetivo de protestar contra las retenciones móviles a los cultivos de soja, trigo, maiz y girasol establecidas por la Resolución 125 emitida por el Ministerio de Economía y ratificada mediante un proyecto de ley enviado al congreso por parte del Poder Ejecutivo Nacional. La Mesa de Enlace protagonizó numerosas manifestaciones, paros y bloqueos agropecuarios durante el año 2008 con el fin de lograr el rechazo de dicha iniciativa gubernamental. Cabe recordar que durante todo el conflicto, las exportadoras de granos y los poderes vinculados a los pooles de siembra (los verdaderos ganadores del conflicto) fueron absolutamente invisibilizados por la dirigencia política oficialista y opositora.


[6] “(…) Con Elsztain, Soros participó de un último negocio: el ingreso al Banco Hipotecario, que Carlos Menem y Pablo Rojo comenzaron a vender en porciones (…)”. Ver más en Spollansky, Fabián (2008): “La Mafia Judía en la Argentina”. Editorial Rubin, San Juan, Argentina. 

[7]  Ver página oficial de la Fundación Endeavor Argentina: http://www.endeavor.org.ar.

[8] Tras un recurso de amparo interpuesto por Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA), la justicia porteña suspendió la inauguración de dicho centro comercial, cuya fecha estaba prevista para el 12/12/2013. La ceremonia iba a contar con la presencia de Mauricio Macri (Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y Jorge Milton Capitanich (actual Jefe de Gabinete de Ministros de la Argentina). Ver más información en http://www.noticiasurbanas.com.ar/noticias/freno-al-shopping.

[9] Un documento revelador, a propósito de estos entendimientos del macrismo y el kirchnerismo para favorecer la especulación inmobiliaria, fue elaborado por Plataforma 2012: http://www.plataforma2012.org.ar/index.php/documentos/documentos/39-pacto-pro-k.

[10] Ver en página oficial de IRSA (Inversiones y Representaciones Sociedad Anónima): http://www.irsa.com.ar/irsa/index_eni.htm.

[11] “(…) Tanto Mentaberry como (Esteban) Hopp se reivindican (…) como parte de la generación de la década de 1970, involucrados con un proyecto socialista de país. (…) De hecho, su experiencia militante se inscribe en el Partido Comunista. (…) Estas figuras pioneras de la biotecnología vegetal manifiestan una clara identificación respecto de la pertenencia a un grupo de jóvenes militantes que se conocían desde la década de 1960 en la juventud comunista del Colegio Nacional de Buenos Aires y que luego serían destacados científicos, donde, además de Esteban Hopp y Alejandro Mentaberry, incluyen también a Alberto Kornblihtt, Mariano Levin, Gerardo Glikin Jorge Filmus, entre otros”. Ver más en “Un Proyecto Socialista” en Pellegrini, Pablo (2013): “Transgénicos: ciencia, agricultura y controversias”. Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, Argentina.

[12] Ver discurso pronunciado Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto de puesta en marcha del sistema de interconexión eléctrica con Brasil, pronunciado en Santa Elena de Uairen, República Bolivariana de Venezuela el 13 de agosto del 2001: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2001/esp/f130801e.html

[13] Un interesante informe al respecto fue publicado por el portal informativo La Política Online el 14/01/2011: http://www.lapoliticaonline.com/nota/49545

[14] Julio Nudler (1941-2005) fue un economista, periodista y escritor argentino. Egresó de la Universidad de Buenos Aires en 1966 como Licenciado en Economía y se inició como periodista en 1968. Trabajó para distintos medios como La Opinión, Clarín, La Razón, Revista Somos y Página 12, en donde se desempeñó como jefe de la sección de economía.

[15] Ver nota censurada publicada en Perfil.com el 05/05/2008: http://www.perfil.com/politica/De-titeres-y-titiriteros-la-columna-de-Julio-Nudler-censurada-en-Pagina12-20080505-0042.html

[16] Para más datos, ver más en “La sintonía fina del modelo sojero”, nota publicada por el GRR el 15/03/2013: http://www.grr.org.ar/articulos/sintonia.htm

[17] Una excelente nota ilustrativa respecto al Cambio Climático y los niveles de CO2 en la atmósfera fue publicada por el historiador colombiano Renán Vega Cantor el 09/01/2014 en Rebelión.org: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=179200


[18]  “(…) La idea de la frontera de la soja no proviene de los ecologistas, sino de un anuncio publicitario que lanzó hace unos años Syngenta, la mayor empresa agroquímica del mundo, nacida de la fusión de Novartis y Astra-Zeneca. Se trataba de un mapa de una ficticia "República Unida de la Soja", un territorio que abarcaba amplias zonas de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y el área de Santa Cruz, en Bolivia, cubierto enteramente por el cultivo de la soja transgénica. La soja no conoce fronteras, decía Syngenta, pero los grupos ecologistas llamaron rápidamente la atención sobre la metáfora de una multinacional que marca las fronteras de una república en la que imperan sus reglas y sus leyes, y el escándalo fue mayúsculo. Impresionaba, sobre todo, ver la extensión de la república por la Amazonia brasileña, donde la soja, junto con la ganadería, es la principal causa de deforestación (…)”. Ver más en “La República Unida de la Soja”, artículo publicado por Soledad Gallego-Díaz en El País de Madrid:



martes, 2 de julio de 2013

EDITORIAL DE HORIZONTE SUR DEL SÁBADO 29 DE JUNIO DE 2013 A LAS 9 HORAS EN LA AM 690


Muchas veces nos hemos preguntado ¿cómo se sale de un régimen presuntamente progresista y profundamente reaccionario, como el que sufrimos actualmente? ¿Cómo se sale de un gobierno que ha hecho lo imposible durante diez años para que no queden fuerzas políticas organizadas a su izquierda; cómo se sale de un gobierno que asistencializa compulsivamente a la pobreza y que, ha convertido los actos electorales en un circo escandaloso?
¿Cómo se sale de un gobierno que, de manera sistemática, fragmenta toda oposición  política gracias a la cooptación de dirigentes y a una gigantesca labor de los servicios de la
inteligencia del Estado? Aún más todavía, nos preguntamos ¿cómo se sale de un Gobierno que conforma y constituye la oposición partidaria a su propia imagen  y semejanza?
Muchas veces nos preguntamos, asimismo, ¿cómo se sale de un gobierno que mientras respalda la nueva mega oligarquía ligada a la sojización y a los Agronegocios, para que proyecte los destinos de la Argentina de los próximos decenios, tiene miles de jóvenes
que inspirados de manera superficial en los años setenta e imbuidos de discursos anticuados contra la presunta oligarquía vacuna y las dirigencias agrarias, hacen trabajo social en las villas, respaldan microemprendedores, generan ferias de artesanos en las plazas y alimentan de manera constante, la ilusoria realidad de vivir bajo un gobierno nacional y popular…?
¿Cómo se sale  de un gobierno que aunque se esfuerce en no mencionar a Perón, insiste en identificarse con las banderas genéricas del Peronismo y particularmente con la llamada tendencia revolucionaria de los años setenta, pese a que es notorio que el grueso de sus cuadros provienen del menemismo, del antiguo partido comunista o aun de la UCD, que lideraba el Ingeniero Alzogaray…?
 
También nos hemos preguntado reiteradamente a lo largo de los años en este programa Horizonte Sur ¿Cómo se vuelve a construir
una mística de lucha para cambiar a una Sociedad injusta, y cómo hacer para volver juntos como Pueblo a construir un futuro común, cuando muchas de esas consignas y de aquellos discursos, han sido apropiados por una dirigencia sin escrúpulos,
caracterizada por un pasado de izquierda y por un presente de insaciable necesidad de Poder?  ¿Cómo se retoma el curso de la
historia y de los procesos de lucha del pueblo argentino, cuando todo el esfuerzo del Estado está puesto en tergiversar la historia inmediata y peor aún todavía, en desnaturalizarla y conducir todas esas energías hacia los propios y espurios intereses de una pandilla que pretende permanecer en el Gobierno indefinidamente? Si acaso nos formamos como militantes o como cuadros  políticos para enfrentar a sectores de derechas o a dictaduras militares y en defensa de la constitución nacional violentada
o de nuestros derechos civiles conculcados, cómo hacemos ahora para retomar la resistencia y las luchas revolucionarias, cuando lo que tenemos en el Poder son discursos de izquierda y presunto Peronismo, cuando la defensa de los derechos humanos son la innoble cobertura de las políticas de nueva colonialidad, y cuando la entrega de nuestra Soberanía Nacional y la postergación indefinida de los justos reclamos de justicia, son justificados en nombre de un posibilismo y de un minimalismo que se sostiene en obscenos fundamentalismos de la coyuntura…
 
No pretendemos ni por asomo ser los primeros en vivir las tragedias que producen los monstruos de la racionalidad revolucionaria y las espantosas resacas de haber pretendido tomar el cielo por asalto. De jóvenes leímos y nos conmovimos con La flecha en el azul de Arthur Koestler y también, con otros de sus libros; más tarde supimos del PRI en México y vimos la Revolución congelada de Raymundo Gleyzer, donde muchos de nuestros antiguos amigos aprendieron más tarde, durante su exilio, la alquimia de transformar el oro en barro y hacer de los ideales de ayer los negocios del presente….  Pero, por supuesto, la tragedia de otros no
nos consuela y los sueños devenidos pesadillas al decir de Galeano, desvelan nuestros días… Siguen abiertas nuestras venas, ahora bajo discursos progresistas… Nos seguimos interrogando frente al espejo roto de una esquizofrenia que se agudiza cada vez que ponemos los canales oficiales… Somos parte de una generación rota, de una generación de traidores y de renegados, de hombres y mujeres cansados que decidieron archivar sus ideales y vivir la vida tal como se la vendieron en los shoping y en los supermercados del neoliberalismo… Sí, todo eso es verdad, pero… ¿y los que velamos armas como en los viejos tiempos, qué hacemos? Los que todavía persistimos en andar caminos con corazón y no necesitamos del viagra de la narcopolítica, los que aún pretendemos mantener la lucidez y los sueños de antaño ¿qué hacemos? Los que no buscamos consuelos ni edulcorantes ¿dónde ponemos el esfuerzo para cambiar el  mundo…? 
 
No deje de escucharnos hoy, vamos a dialogar sobre el levantamiento joven en el cercano  pueblo hermano de Brasil… donde los jóvenes libertarios del Movimiento Pase libre, parecen haber hallado un modo de patear el tablero del sistema y de ese modo evitar entramparse en  los simulacros progresistas. Tal vez nos están señalando un camino de esperanzas para retomar una historia    interrumpida.  No permitamos entonces, que la conspiración mediática nos oculte la importancia de esas luchas que, son mucho más peligrosas en la medida en que no se proponen tomar el poder, tal como alguna vez lo intentara nuestra generación… Ellos, los jóvenes alternativos y libertarios, son en cierta medida, el resultado de nuestros fracasos como generación, pero también son probablemente el modo de resolver aquellos fracasos, de resolverlos en una perspectiva histórica que nos permita salir a los latinoamericanos del “bucle” histórico en que nos hallamos, en que el timón ha quedado en manos de un progresismo reaccionario, y retomar la historia cuyo rumbo hace ya mucho extraviamos…
 
Jorge
E. Rulli

sábado, 8 de junio de 2013

Saludo a los PERIODISTAS en su día

Aquí la versión completa del genial texto de Tirso

Cumpas: hoy amanecí con un correo que me saluda por el Día del Periodista.
Agradezco este mensaje gremial y saludo, a vuelta de correo, a todos los colegas que con enorme esfuerzo y sin reconocimientos cumplen su oficio de modo honrado, estudiando, seleccionando los temas con responsabilidad, buscando los resquicios para dar a conocer lo que el poder político o económico, político - económico, desean ocultar por todos los medios.
Verán que me inclino ante los amigos de la JAPL y me extiendo a otros colegas.
Los periodistas debemos hacernos un lugar para la reflexión, el conocimiento, el estudio, para dejar que los conocimientos afloren sin presiones, y lo digo porque vivimos muy apretados por las circunstancias, bajo estructuras mafiosas, y también apretados por los cierres, por el apuro, y así solemos ofrecer cositas ni siquiera corregidas, y a veces tan ligeras que sería preferible callar. No lo negaré.
Y bueno, en esta observación está nuestro derecho a trabajar no sólo con todas las de la ley sino además con una serenidad de base, cuando de periodismo de interpretación y explicación se trata.
Hay numerosas orientaciones en este bello oficio. En cada rubro se encuentran personas con dignidad.
Deseo detenerme hoy en la que le hace cosquillas al poder económico, al poder político, al poder corporativo, que muchas veces son un solo poder en connivencia aunque parezcan incluso enemistados. Todo por arribita nomás, ya sabemos.
Saludo entonces en este día a los colegas de los pueblos pequeños que deben hacer malabares para ejercer el oficio y seguir viviendo allí, y que aprovechan las rendijas que se le escapan al poder económico y político corrupto al mango, las aprovechan para sostenerse en la dignidad, comprometidos con la búsqueda de la verdad y seguros de que la libertad no se negocia. Por trillado que aparezca, compañeros, es así, no se negocia.
Quizá no sean mayoría, no importa, están allí y muchas veces no se dimensionan ni se consideran las tensiones internas de cada cual. Por eso no opinamos de cada cual, porque en el fondo no sabemos cuánto lucha cada uno por la dignidad, y suponemos que son más de los que imaginamos los que dan su batalla íntima en cada jornada.
Y los saludamos porque sabemos de esos esfuerzos, mientras algunos con pretensión de “representantes” buscan el modo de congraciarse con el poder en este Día, con el poder mafioso, aplaudiendo leyecitas que son como aspirinas ante el cáncer, engañapichanga, tratando de sonreírle a un poder que nos ataca por todos los flancos.
¿A quién representan más que a los funcionarios de turno, o al poder oligarca enquistado en los grandes medios de alcance?
Jamás el periodismo puede ser representado por chupamedias del poder de turno, ni lo piensen, no pierdan tiempo.
Los engranajes del régimen falaz no son más que eso. Y los periodistas que cada día se levantan pensando cuántas presiones deberán soportar en la jornada de trabajo, tienen que soportar también que pretendidos “representantes” les bajen línea, les digan que tienen que estar agradecidos, en síntesis: nos tomen el pelo.
Con amigos así...

Saludo a los que tienen actitud, a los que luchan por los caminos de la independencia, a los que se saben cruzados por los valores en cada noticia, cada nota, cada título, cada párrafo; a los que quizá no puedan decir algo hoy pero le pasarán el dato al amigo, o buscarán otro medio donde desarrollar su trabajo; a los que no se resignan a callarse la boca ante la podredumbre de presidentes, vicepresidentes, ministros, titulares de corporaciones, ultra corruptos y ultra ricachones, que roban por todas las vías a su alcance y, como práctica habitual, cuando se enfrentan con vecinos que los denuncian, buscan destruir lo poco que queda de justicia, de república, para poner las instituciones a su servicio, al servicio de la impunidad. Eso en la Argentina y en Entre Ríos por igual.
Los saludo porque en esa resistencia diaria pierden dinero, pierden tiempo, pierden posibilidades de “ascenso”, y muchas veces son incomprendidos. (Nada los iguala más a los antiguos pueblos del AbyaYala y a su digna pobreza).
¡Salud, compañeros periodistas de la Junta Americana! ¡Salud, periodistas de Santa Elena, de Concordia, de Ibicuy, de Villaguay! ¡Salud, periodistas de Paraná, de Concepción, de Gualeguaychú, de Larroque mi pueblo, de María Grande, de Colonia Avellaneda, de Chajarí, de Federal, de cada pueblo nuestro y se me escapan doscientos! ¡Salud los que resisten de una punta a la otra de este territorio maravilloso!

Está el robo personal, el robo para el partido, el soborno en la relación promiscua con las grandes multinacionales del dinero, de la minería, del petróleo, de las exportaciones, del comercio minorista a escala, de la industria de ensamblaje; el robo con la patria contratista, robo impresionante por estos pagos; todo ello en la Argentina y en Entre Ríos, a un punto que da asco, y quedan periodistas con preparación integral para conocer y denunciar este estado de cosas que es calamitoso, y del que se valen los grupos de poder para hacer de nuestro territorio una cancha de negocios sucios a gran escala, mientras se hacina a las familias o se las expulsa.
Entre Ríos, patria del destierro, de los pueblos fantasmas, país de las taperas, del trabajo precario, hoy país arrodillado ante el poder central metropolitano ultra corrupto a todas luces, corrupto y soberbio, ricachón y gritón, y arrodillado ante los pooles de la especulación que se pasean como Pancho por su casa porque son jefes del poder político, es decir: los “gobernantes” son sus felpudos.
Los periodistas nos encontramos con la altísima responsabilidad de conocer el estado de cosas, de saber del grado de sumisión del capitalismo entrerriano que agobia a las familias hasta expulsarlas. ¡Qué alto compromiso nos depara el oficio!
Saludo a todos esos colegas que no se arrodillan, que ven los modos de dársela al poder oligarca, banquero, terrateniente, darle el hondazo, tarde o temprano, sea a la oligarquía enquistada en el gobierno (bajo camuflajes diversos, ayer y hoy) como en las corporaciones y los trust y las sociedades anónimas que son los titiriteros de estos títeres llamados ministros, gobernadores, secretarios.
Saludo a las chicas y los muchachos de las FM, las revistas, las cooperativas, las páginas digitales, me inclino ante los que se plantan aunque quizá nadie los considere, nadie los aplauda ni los tenga en cuenta en las bancas de las pretendidas academias de periodismo.
Compañeros, no están solos. Esa soledad aparente es un resguardo de una unidad profunda que no necesitamos que se exprese a diario pero está, la sentimos en el corazón.
Saludo a los jóvenes y no tan jóvenes de algunos espacios en los diarios de gran alcance o los chicos, en la televisión, todos con enorme sentido de la responsabilidad. Saludo a los viejos que están sin trabajo porque no tranzaron, me saco el sombrero señoras, señores. Ellos cuando dicen Walsh no se cagan en Walsh. No manosean a los maestros.
Los saludo, y a la vez los invito a no esperar reconocimientos sino desprecios en sectores de poder; cuando haya algún reconocimiento desde esos sectores hay que estar atentos porque por ahora no hay visos de arrepentimientos o cambios, de modo que nada tenemos que esperar ni aceptar de ellos.
No nos engañemos: cuando llega la hora, el poder busca a los que saben sobar las patas.
Saludo con orgullo a los colegas que estudian, a esas chicas y a esos muchachos que si tienen que leerse dos libros para una sola columna lo leen, si tienen que buscar cinco testimonios los buscan; saludo a los que se están formando en la calle o en la universidad y lo hacen con el corazón, sabiendo la altísima responsabilidad que les espera, pero además con humildad, conscientes de los límites de su oficio, de manera que serán respetuosos luego a la hora de dar espacios a los que han pensado, estudiado, a los que han hecho un camino, personas a las que recurriremos solos, sin que la fama y el ruido nos llame, sin que las chapas nos encandilen.

Saludo a los que siguen los temas, no aceptan desvíos o cajoneos, a los que cambian sus agendas para dar espacio a otros, a los que no se limitan a una estrecha agenda y están dispuestos a abrirse incluso a aquellos que no les caen simpáticos, los saludo. Y saludo a  los que jamás firmarían una columna a favor del poder que traiciona todos los principios históricos que son valores irrenunciables de los entrerrianos.
El periodismo entrerriano no nació para chupar las medias al poder, sea el poder expresado en los grupos económicos como el poder enquistado en los gobiernos amigos de las expresiones más denigrantes del neocolonialismo, y es el caso del gobierno actual.
(Ya lo dijo el poeta: al falluto no lo cuento porque ese no es entrerriano).
Esa colonialidad de los de arriba se expresa en su casamiento con los brazos del imperialismo, en la permanente denigración de valores regionales maravillosos, de tradiciones genuinas, en el vaciamiento de ámbitos de la cultura, en la rotura de lazos hondos de unidad, todo muy propio de poderes organizados para aplastar las culturas, para trabar los caminos naturales de la relación del hombre en su entorno y de los pueblos con los pueblos, es decir, organizaciones mafiosas que siembran división, ignorancia, atomización, para convertirse en imprescindibles y desde entonces hacer lo que mejor hacen: aumentar sus fortunas.
No nacimos para avalar dictaduras (que lo diga Wenner), ni democracias truchas (plutocracias) donde los temas importantes jamás se consultan, donde las asambleas son desalentadas, y en las que predomina el interés de los grupos de poder. Por eso no nacimos para lavar a Clarín ni nacimos para ponerle el hombro a los Menem, a los De la Rúa, a los Kirchner, todos peones de las multinacionales pagados por nosotros, con los impuestos aplicados por una raza de ricos al pobrerío a la hora de comprar un kilo de arroz, increíble injusticia sostenida con uñas y dientes por la oligarquía en el gobierno; peones de las corporaciones como sus seguidores locales, todos responsables principales del estrago que están haciendo en nuestro territorio, en la biodiversidad, en la salud, en el trabajo, en la sociedad, en las expectativas.
Y si más o menos estamos avispados, no entraremos en paralogismos: no creemos que el enemigo de nuestro enemigo sea nuestro amigo, de ningún modo, pero además sabemos que entre ellos son “enemigos” de corto aliento, y con una unidad de fondo en el capitalismo extractivo colonial que les junta la cabeza a ellos y que atropella a nuestros pueblos.
Agradecido, pues, por el saludo que me envían por el Día del Periodista, he querido retribuir con un gesto similar.
Basta de farsa, basta de presentar como “potable” a la oligarquía aliada a Monsanto, a Walmart, a la Barrick y a otras diez multinacionales, basta de lavar a esa porquería. Los periodistas no nos tragamos el verso, el doble discurso es para los giles no para los que abrazamos este oficio con responsabilidad.
Si una profesión debe denunciar el doble discurso, el atropello, la propaganda engañosa pagada con plata del pueblo (vicio insoportable del actual gobierno farsante y de otros grupos mafiosos); si un oficio debe denunciar las arbitrariedades del poder político, toda esta inmundicia, la compra de medios masivos por particulares del gobierno que le roban la plata al pueblo pero ponen las escrituras a nombre propio; si un oficio debe denunciar los aprietes, el manejo arbitrario con la pauta oficial que es moneda corriente en este país y en esta provincia (y eso también es corrupción); si alguien debe acompañar toda lucha necesaria contra la concentración de la propiedad de los medios, contra todo tipo de injerencia del poder corrupto en los medios, esos somos los periodistas.

Saludo a todos, entonces, con la expectativa de saber que vamos logrando tomar conciencia de que los chupamedias de Clarín, los chupamedias de Menem, los chupamedias de los Kirchner, los chupamedias de la Sociedad Rural, los chupamedias de la UIA, están en las antípodas de nuestros principios. Que los chupamedias de Página 12, los chupamedias de La Nación, los chupamedias de las multinacionales y los bancos que promocionan en sus medios (es decir, que los bancan), los chupamedias de los cien corruptos a toda prueba que están asolando al país, no tienen cabida en este Día del Periodista, son los que atacan a diario los derechos del pueblo a informarse, a enterarse por múltiples vías, a preguntar y encontrar respuestas cuando de temas comunes se trata.
Los que llevan la genuflexión en su ADN, son vomitados por la tradición honrada del periodismo entrerriano que supo hacer frente a las peores calamidades, como por ejemplo a la guerra de la oligaquía y el imperialismo al Paraguay, y el periodismo que entregó la vida en tiempos violentos.
Si hubo periodistas que dieron su esfuerzo, su tiempo, su vida en la lucha por la verdad, contra los atropellos en los peores momentos del país, nosotros somos sus herederos y no vamos a convertirnos en permeables y elásticos frente a las arbitrariedades tan en boga. No tenemos derecho.
Por supuesto, los que se opusieron al poder corrupto, oligarca, querendón con la diplomacia del imperio, fueron históricamente denostados por el establishment, sepultados por los cagatintas del poder. Fueron agraviados, se ganaron todos los motes negativos habidos y por haber.
Ese es el destino de los que se le animan al poder, pero no son pocos los entrerrianos, las mujeres y los hombres, que desde el periodismo (como desde otros oficios) se cagan en los maltratos y las calumnias y siguen con la cabeza en alto. Entrerrianos nativos o adoptados, lo mismo. Hacen lo que deben hacer, así de sencillo, sin esperar aplausos.
Están en medios alternativos, buscan las rendijas en todos lados, pocas veces reciben un Feliz Día aunque el oficio del periodismo les lleve horas y horas de trabajo mal pago, muchas veces en forma gratuita, por amor a la verdad.
Los hay que han dado su vida entera para denunciar a los responsables de los principales hechos de corrupción, sea en la política, la economía, los profesionales, la justicia, la iglesia, y han abierto espacios para interpretar y señalar el sistema opresor.
Sabemos de periodistas de primera que ni siquiera son reconocidos como tales, ¡y hay cada farsante con máscara!
No pocos hacen esfuerzos también para, en el lugar que están, a veces con algún cargo, abrir rendijas, dejar que entre aire, y ese es un valor también. No es justo meter a todos en la misma bolsa, en este día debemos exprimir nuestra capacidad de discernimiento y saludar esos gestos que dan un lugarcito para que luego cada cual haga su esfuerzo o desarrolle su talento, lo aproveche.
Saludo a los que sí pueden saludar con orgullo paisano a sus hijos, a sus amigos, en este Día del Periodista. Los demás se ocuparán de escribir parrafitos lisonjeros que, antes de difundir, pasarán por sus jefes de los grandes grupos y las corporaciones para el visto bueno, o serán colados por sus jefes del gobierno, allí donde medran. Y siempre tendrán alguna seña al poder, alguna venia. Lo que significa, lisa y llanamente, cagarse en el periodismo.

Así están las cosas, no es una guerra, los periodistas están haciendo lo suyo y no están solos. Están tratando de ejercer el periodismo en condiciones malas y empeorando, pero son porfiados, no los barrerá el primer vientito, y menos los barrerán esos que llegan al poder y se creen allí dueños y señores. ¡Estúpidos! ¿Cuánto les va a durar el copete alzado?
Los difusores del poder de turno y de los grupos concentrados (es decir, del mismo capital colonialista), esos cagatintas buscan esconderse, y para eso se colocan caretas de periodistas, para lucrar con el esfuerzo ajeno, para libar de un prestigio que el oficio da pero que ellos carcomen cada día desde su parasitismo.
¡Salud, salud en este Día a los periodistas con la frente en alto!
En este Día del Periodista, cómanles el sanguchito, tómenles el vino, y rindan homenaje silencioso a José Hernández, a Olegario Andrade, a Evaristo Carriego, a los que dieron todo para denunciar el genocidio al Paraguay. Silencioso homenaje a Alberto Larroque, Alejo Peyret, Rodolfo Walsh, Atahualpa Yupanqui, Salvadora Medina Onrubia, Fermín Chávez, Beatriz Bosch, Ángel Borda; a Marcelino Román, Amaro Villanueva, Alberto Gerchunoff, Antonio Ciapuscio, María Esther de Miguel; a Tito Paoletti (nos llegan las mentas a través de Alfieri), a Juan Balsechi y Tilo Wenner que no eran mancos para atacar al sistema y estoy citando de memoria, cuántos se nos escapan, claro, pero con estos antecedentes, y la base de siglos de resistencia de nuestros hermanos a la invasión, ¿cómo callar los atropellos de hoy?
Si fueron periodistas varios de los mártires que recordamos cada Primero de Mayo en el Día del Trabajador, ¿cómo ejercer este digno oficio si no es con dignidad? ¿Cómo ejercerlo, si no es colocándonos en nuestro sitio de trabajadores, lejos de contubernios políticos y empresarios de allá arriba, enemigos declarados de los trabajadores?
Un periodista entrerriano tiene que arraigar en los miles de año de historia de este pueblo que no se rinde, que no tranza, y por eso debe ser muy mal visto por los sectores de poder alineados al colonialismo. No hay vueltas. No hay formas de estar con el capital financiero usurero, con las multinacionales y sus gobiernos aliados, y ejercer el periodismo. O una cosa o la otra.
Un periodista debe saber que está en una tierra arrasada por el capitalismo colonial extractivo y que los daños se muestran en pequeñas cosas, en el barrio, en el campo, en una oficina, en grupos de gente “bien”… el periodista siempre debe encontrar una rendija por donde denunciar esta estructura perversa, en lo más grande, en lo pequeño, sin perder de vista la dimensión grave del contexto; es decir, denunciar un sistema que lleva ya varios siglos y que hoy, a pesar de los discursitos de ocasión, se consolida y profundiza.
Periodista que negocia con Monsanto, con Walmart, con las multinacionales, directa o indirectamente, que negocia con los usureros y sus amigos (en gremios, en el poder estatal, etc), no está haciendo otra cosa que medrar con el prestigio ajeno. Es decir, no es periodista. Obvio.

Y bien, ¡salud, compañeros ignorados, compañeros empobrecidos en lo económico y enriquecidos en la dignidad!
Los saludo agradecido, por la compañía. Y agradecido también con los miles y miles que nos alientan, que no ignoran sus derechos a la información y reconocen el trabajo genuino y sincero, aún con errores pero honesto, e incluso con talento a veces. Y agradecido con los profesores y maestros que tantas veces, rompiendo con la burocracia y la desidia, nos abren el panorama, sea en la universidad, sea en la redacción, sea en reuniones de amigos. Hoy debemos decirles que ninguno de sus hondos mensajes cae en saco roto.
Por las dudas aclaro que no represento a nadie. Sólo levanto un mate amargo por la gran rueda de mate que nos expresa, aún a la distancia, y en la que decimos y diremos nuestros silencios, en esta hora de tanto ruido, hora de los farsantes.
Nuestros silencios, compañeros, silencios que nos llevan primero a los hijos de los periodistas desocupados a veces, atormentados otras veces por cumplir con un oficio y alumbrarnos en eso un sendero.
Cuando veamos desde la distancia estos esfuerzos podremos saludarnos, con la certeza de haber cumplido con un deber, nada más, y que la tierra nos trague.

¡Salud! Tirso.